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Por qué Mary Poppins es mi película favorita (y quizás la tuya también)

Si sois amantes del cine seguro que tenéis alguna película favorita de esas que se graban a fuego en la memoria, de tal forma que os sabéis los diálogos, tarareáis su banda sonora en la ducha y sois incapaces de cambiar de canal cuando por vigésima vez os la volvéis a encontrar en la tele.  Una de las mías es Mary Poppins. ¿Os cuento por qué?

La historia de la niñera que llega mediante ráfagas de aire a la Inglaterra de principios del siglo XX es, a mi modo de ver, un claro ejemplo de las personas importantes que, más allá de nuestros padres, nos acompañan en nuestra infancia. Mary Poppins encierra en su papel de niñera mágica muchos otros papeles: es amiga, consejera, compañera, cuidadora, payasa, maestra, mentora, orientadora y guía de dos niños de 8 y 9 años.

A lo largo del filme, su llegada se convierte en una caja de sorpresas que llena de novedad y alegría la rutinaria vida de dos hermanos: les abre un mundo a un lenguaje nuevo, a una nueva manera de comunicarse de igual a igual entre adultos y niños, les enseña la existencia de un mundo paralelo donde las sillas vuelan y la gente toma té colgada en el techo, permitiéndoles tomar consciencia de la diversión que puede encerrar un día cualquiera o una actividad cotidiana.

La niñera confía en la existencia de sus capacidades infantiles, las que corresponden a las edades que tienen y las refuerza, permitiendo así hacer crecer su autonomía y seguir desarrollándose. Y lo hace instaurando el control y la disciplina cuando es necesario, sin olvidar que la alegría, la diversión y la responsabilidad forman parte de una vida real que los niños deben empezar a conocer.

¿Quién es tu Mary Poppins?

Por todo ello, creo que el gran bolso de Mary Poppins contiene mucho más que un paraguas, una lámpara o una píldora que se toma mejor con un poco de azúcar. Contiene todo lo que un niño, en ocasiones, no alcanza a obtener de sus padres durante su infancia. Muchas son las situaciones de padres que deben atender sus trabajos y otras cargas, en detrimento de los momentos a compartir con sus hijos. Mucha suele ser, también, la responsabilidad que los padres se exigen en la educación del los hijos y que, en ocasiones, se convierte en mandatos dictatoriales, órdenes, falta de explicaciones adaptadas a las necesidades infantiles, disgustos y pataletas.

En un contexto así, con el que seguramente muchos nos podemos sentir identificados, Mary Poppins nos trae a la mente a aquellas personas que nos han llenado ese espacio y esa necesidad, que nos han acompañado, nos han guiado, nos han cantado, nos han concedido caprichos y, a continuación, han sabido transmitirnos con determinación sus normas y criterios para no malcriarnos. Nos han cuidado, nos han respetado y, una de las cosas más importantes, nos han divertido y nos han hecho reír. Puede ser que nuestra Mary Poppins sea una abuela, una canguro, una vecino o la hija de una amiga de nuestros padres, pero aquella persona que ha abierto un espacio y un lugar para que nuestra imaginación volara, para que nuestros sueños surgieran, que ha provocado nuestras risas y que nos ha dado permiso para flipar y alucinar con algo, esa es nuestra Mary Poppins particular.

Una figura que sabe cual es su trabajo y lo realiza con vocación y conciencia, sabiendo también identificar cuando dicho trabajo ha terminado y echando a volar en el aquel instante en que ha abierto el camino donde empieza a aflorar la personalidad de los niños, poniéndola además a la vista de unos padres enfrascados en otras cosas y que, a partir de ese momento, la pueden empezar a valorar y reforzar.

Por todo ello, si has tenido una Mary Poppins en tu infancia, siempre tendrás algo bonito que recordar…

Nota: artículo original publicado por mí en la web nosolocine.net, dedicada al cine y otras artes.

Y tu, ¿Qué opinas?