Comunicación positiva, desarrollo personal y bienestar emocional

Soltar, dejar ir, olvidar, relegar e incluso delegar… Todas estas son palabras que, en ocasiones, nos cuesta poner en práctica. Estamos apegados a las relaciones, a los objetos, a las ilusiones, a las promesas, a las expectativas… Y en ese afán por acaparar, por llegar, por alcanzar y por tener, nos aferramos a cosas que no existen, que no están en nuestro entorno ni a nuestro alcance. Y nos pasamos horas pensándolas, imaginándolas o lamentando su ausencia, sin darnos cuenta de que, a nuestro alrededor, hay un millón de cosas y otras personas que nos hacen más fácil y agradable la vida, nos acompañan, nos escuchan, nos acogen, nos cuidan y nos sostienen.

Soltar es un ejercicio de valentía y de madurez emocional que muchas veces genera miedo, inseguridades y temores. Pero al hacerlo, la gratificación que se recibe es casi inmediata. Dejar ir aquello que ya no tiene un lugar o un sentido en nuestra vida, por el motivo que sea, nos permite seguir con nuestro camino y prepararnos y abrirnos para recibir nuevos regalos que están por venir.

soltar

“Si pudieras despejar todo ese espacio que ocupas en tu mente por obsesionarte con esta persona […] tendrías una puerta y ¿sabes qué haría el universo al verla? Colarse. Se colaría y te llenaría del amor que jamás hayas podido conocer”

Esta frase, extraída de la película Come, Reza, Ama (2010) del director Ryan Murphy es un buen ejemplo de algo que hacemos a menudo la mayoría de los mortales. Apegarnos a ideas a las que damos un espacio en nuestra mente, dedicando una energía innecesaria y que, en cierto modo, impide que el curso de los acontecimientos de nuestra vida siga con su ritmo natural.

Quedarnos atrapados en una idea, en un pensamiento o en una suposición de lo que pudo haber sido y no fue es un ejercicio que genera estrés y malestar físico y emocional. Por ello, os dejo tres ejercicios para soltar ideas y pensamientos y vivir apreciando y disfrutando las cosas que sí están presentes en tu vida y la hacen más completa:

  1. Escribe una carta despidiéndote de aquello que quieres soltar. Acepta que ya no te pertenece, que su utilidad terminó y que su duración fue la necesaria para aprender y sacar algo positivo de esa experiencia. Agradece poder haber disfrutado de ello y libera el pensamiento de posesión o apego que puedas tener.
  2. Haz una lista de las cosas y personas que están en tu vida, desde lo más insignificante a lo más valioso. Céntrate en qué te aporta de bueno cada una de estas cosas y pregúntate si realmente necesitas aquella idea a la que estás apegado o prefieres vivir y valorar las cosas y personas que tienes en tu presente.
  3. Evita las preguntas hipotéticas del tipo ¿Y si…?. Cualquier pregunta que comience con estas dos palabras va a generar dudas e inseguridades y va a plantear una situación que no existe y no es real.

Nadie dijo que soltar fuera fácil. Nos cuesta soltar nuestro juguete favorito cuando somos pequeños y nos cuesta dejar ir a un amigo o a una expareja incluso cuando hemos decidido separarnos de ella. Pero soltar es uno de los ejercicios más necesarios para avanzar y dejar que los acontecimientos de la vida fluyan. Y suele ser, también, el primero de los pasos de inicio de un viaje, el comienzo de un cambio o el principio de un sueño.

Si entiendes la vida como un camino de crecimiento y cambio constante y eliges vivir el presente y disfrutar de lo que te rodea, recuerda que todo será más fácil cuanto más ligero sea tu equipaje.

Así que, suelta y vuela…

Y tu, ¿Qué opinas?