Comunicación positiva, desarrollo personal y bienestar emocional

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psicología positiva

Aprendiendo a soltar para volar…

Por | Desarrollo personal, Inteligencia emocional, psicología positiva | ¡Sé el primero en comentar! :)

Soltar, dejar ir, olvidar, relegar e incluso delegar… Todas estas son palabras que, en ocasiones, nos cuesta poner en práctica. Estamos apegados a las relaciones, a los objetos, a las ilusiones, a las promesas, a las expectativas… Y en ese afán por acaparar, por llegar, por alcanzar y por tener, nos aferramos a cosas que no existen, que no están en nuestro entorno ni a nuestro alcance. Y nos pasamos horas pensándolas, imaginándolas o lamentando su ausencia, sin darnos cuenta de que, a nuestro alrededor, hay un millón de cosas y otras personas que nos hacen más fácil y agradable la vida, nos acompañan, nos escuchan, nos acogen, nos cuidan y nos sostienen.

Soltar es un ejercicio de valentía y de madurez emocional que muchas veces genera miedo, inseguridades y temores. Pero al hacerlo, la gratificación que se recibe es casi inmediata. Dejar ir aquello que ya no tiene un lugar o un sentido en nuestra vida, por el motivo que sea, nos permite seguir con nuestro camino y prepararnos y abrirnos para recibir nuevos regalos que están por venir.

soltar

“Si pudieras despejar todo ese espacio que ocupas en tu mente por obsesionarte con esta persona […] tendrías una puerta y ¿sabes qué haría el universo al verla? Colarse. Se colaría y te llenaría del amor que jamás hayas podido conocer”

Esta frase, extraída de la película Come, Reza, Ama (2010) del director Ryan Murphy es un buen ejemplo de algo que hacemos a menudo la mayoría de los mortales. Apegarnos a ideas a las que damos un espacio en nuestra mente, dedicando una energía innecesaria y que, en cierto modo, impide que el curso de los acontecimientos de nuestra vida siga con su ritmo natural.

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Todo lo que comunicas, (te) influye

Por | Comunicación, Inteligencia emocional, PROGRAMACIÓN NEUROLINGÜÍSTICA, psicología positiva | ¡Sé el primero en comentar! :)
Todo aquello que comunicas, influye. Absolutamente todo. Cuando oímos o leemos frases como esta, enseguida pensamos en el impacto que tiene nuestra comunicación en los demás, en nuestros interlocutores y receptores. Pero, ¿cómo nos influye a nosotros mismos aquello que decimos?

El esquema clásico de comunicación que todos conocemos sitúa al emisor y al receptor en un mismo plano, siempre como personas diferentes. No obstante, en cualquier intercambio comunicativo, la mayoría de veces, existe un factor de reciprocidad que recae sobre el emisor. Somos emisores y, al mismo tiempo, receptores de todas aquellas palabras que articulamos, de las frases que decimos, de los gestos con los que comunicamos, de nuestra actitud e incluso de nuestra comunicación corporal…

Sin duda, todo esto tiene un impacto en los demás pero, en primera instancia, también lo tiene en nosotros mismos. Nuestros diálogos, tanto el que tenemos con otras personas, como nuestro diálogo interno, impactan irremediablemente en nuestra vida y en nuestra experiencia. ¿Te has parado a pensarlo?

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